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miércoles, 24 de febrero de 2010

Color,Forma y Calor (AVAP Carabobo) junio 1995

portada catalogo
COLOR, FORMA Y CALOR

La mejor forma de obtener un perfil fisonómico de una época es a través del arte. Este, desde todas sus manifestaciones testimonia ante todo la voluntad de creación, la idea de propiedad y de representar lo natural o artificial de una manera más o menos fidedigna. Perfil a perfil hay exaltación de la idiosincrasia del factor artístico que siempre apela a la complicidad del observador que en última instancia, produce el análisis a favor o en contra.

Análisis es la palabra clave, relativamente fácil si se interroga y de dar respuestas generales como el ensayo de Richard Wollheim que se pregunta “que es el arte”, una pintura, una composición musical, una novela, una escultura… Que es un poema, una escultura, una pintura, y de esta manera formar combinaciones según tantos elementos tomados de tanto en tanto.

Cuando se asume el riesgo de comentar la obra de unos artistas en particular, se corre con la dificultad de valorarla adecuadamente y crear un texto que este un tanto extraviado del objeto en cuestión.

Partiendo del punto de vista de que conozco de manera cercana a cada autor, trataré en lo posible de acercarme a cada obra asumiendo toda responsabilidad del factor crítico.

Oráculos antiguos, oráculos nuevos, la obra de José Meza nos imbuye en oráculos de siempre; el del inconsciente. Utilizando materiales poco ortodoxos nos refleja la inquietud inquisidora del hombre por el misterio de su destino.

Destino trágico que con una fuerza expresiva nos muestra la obra de Hugo
Barroeta, personajes llenos de destinos inciertos pero con plena conciencia de ser el más cierto de todos, sin sacrificar un solo gesto a favor de la esperanza, personajes atrapados en la soledad de su silencio.

Desde el silencio del profundo azul, entre brumas surgen repletas de tridimensionalidad las formas de Mary Camero, elementos etéreos, habitáculos extraños limitados de formidables transparencias.

Transparencias ecológicas, superficies preñadas de pliegues, pliegues que incitan a la caricia, caricia que va más allá de lo epidérmico, en fin, caricias visuales que caracterizan la obra de María Eugenia Reyes.

Lo arquetipal llevado a su máxima expresión sin recelos, aparece en la obra de Pablo Freites, fuertes síntomas del ritual, de la fecundidad de otrora y la de siempre, banquete primario y cavernario para la perpetuación de la especie.

Especie inmolada, símbolo sacro y esotérico de todos los tiempos: el “pez”; pez habitante de aguas turgentes de vida y el pez sobreviviente de la hecatombe contaminante es el temario de Milagros Casañas.

Tendiendo un puente entre el lejano Bizancio y el presente, Ana Caravias conjura el fuego y el barro para resemantizar con un lenguaje de fragmentos y texturas aquel pasado en este su presente.

Explorando las primeras formas del trazo humano se presenta mi propuesta personal, más que explorar buscar el sentido místico, un misticismo antropológico, el gesto de la mano de hombre a través del tiempo como un fenómeno del conjunto de su religiosidad.

Artistas todos de gran valía, francotiradores perpetuos hacia búsquedas insaciables de lenguajes y propuestas que mas allá de los ismos de moda satisfagan su “yo” creador.

Ricardo Gallo D.N.
Curador.
1995 junio.

Nota: ver fotos en



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